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Coronavirus

Día 7: Lo normal ya no existe y no volverá a existir después de la pandemia

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Hoy tuve el día libre, lo que significa que dormí y tomé al menos una siesta. Tras apoyar toda la semana en la agitada UCI del Syosset, en Long Island, los días libres son una oportunidad para ponerse con las tareas cotidianas de hogar; es decir, limpiar el apartamento, lavar la ropa e ir al supermercado.

El supermercado local limita el número de personas permitidas en la tienda de acuerdo con los que se encuentren dentro del establecimiento. Y la mayoría de los mercados tienen avisos cada 6 pies (1,5 metros) marcados en el piso, por lo que las personas saben a qué distancia deben mantenerse separadas mientras esperan en la fila.

Si el tiempo lo permite, además de ir a mercar, trato de dar un buen paseo por el vecindario.

Caminar afuera en el aire fresco es un contraste muy bienvenido con los días que pasas en la unidad de cuidados intensivos, donde sientes que el aire amenaza con matarte y la máscara, que es tu línea de vida, te pica e incomoda, pero no te atreves a quitártela.

ESA EXTRAÑA “TRANQUILIDAD”

Es primavera en Nueva York. La primavera es una de mis épocas favoritas del año. Todas las plantas y árboles han estado floreciendo, los pájaros cantan y el cielo tiene un espectacular tono azul. Pero este año ha sido especialmente extraña, ya que el constante estruendo del tráfico aéreo que generalmente llena el cielo está ausente.

Aquí, mientras camino, me encuentro con un pequeño dilema. Me encanta esta nueva paz y tranquilidad hasta que recuerdo que es el resultado de una tragedia mundial que ha cobrado demasiadas vidas, ha costado a las personas sus trabajos y medios de subsistencia y ha alterado nuestro sentido de normalidad.

Al mismo tiempo me encuentro con ganas y sin ganas de volver a ser como antes, antes de que ninguno de nosotros escuchara el nombre COVID-19, una pandemia que acá en Nueva York ha dejado más de 25.000 muertos.

Por eso cuando oigo a la gente hablar sobre volver a la normalidad pienso para mí misma: “lo normal ya no existe y ya no volverá a existir”.

El mundo ha cambiado para siempre, y quizás de alguna manera será mejor. Quizás esta sea una oportunidad para que nos enfoquemos más en las cosas verdaderamente importantes como pasar tiempo con familiares y amigos y cuidarnos unos a otros.

Ser testigo de cómo la gente se ha enfrentado al desafío en este momento de crisis me da esperanza para el futuro.

Creo que la sociedad se encuentra en una encrucijada, pero soy optimista de que podemos hacerlo y lo haremos mejor. Francamente, no estoy segura de que realmente tengamos otra opción.

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