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Hallan coronavirus en repuestos de automóviles de la fábrica de Daimler en China Hallan coronavirus en repuestos de automóviles de la fábrica de Daimler en China

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Hallan coronavirus en repuestos de automóviles de la fábrica de Daimler en China

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Las autoridades sanitarias chinas han hallado coronavirus en diversos lotes de repuestos para automóviles fabricados por una subsidiaria local de la compañía alemana Daimler que habían sido distribuidos en diferentes partes del país, informa este lunes la prensa estatal.

Según la cadena de televisión pública CGTN, se detectó un primer caso de coronavirus el pasado 26 de diciembre en la fábrica, por lo que las autoridades de Pekín decidieron suspender la producción y aislar el área industrial donde está situada, en un distrito nororiental de la capital china.

Los reguladores locales afirman que la subsidiaria de Daimler, que puso bajo cuarentena a los trabajadores, no cumplió de manera estricta con las normativas anti-covid, permitiendo reuniones de empleados y un uso incorrecto de las mascarillas.

Hasta el momento se han confirmado un total de once contagios de covid-19 en el seno de la citada firma.

Encuentran coronavirus en fábrica de Daimler

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Wuhan, un año después de decretar el confinamiento por la COVID-19

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Wuhan, un año después de decretar el confinamiento por la COVID-19

Se cumple un año desde que China decretó el primer confinamiento total por la COVID-19 en Wuhan.

Solo después de 76 días, los habitantes volvieron a salir a las calles.

El aniversario del confinamiento está marcado por los posibles rebrotes en el país.

“El confinamiento de 76 días en Wuhan comenzó hace un año con un aviso enviado a los celulares de la gente a las 2 de la madrugada para indicarles que el aeropuerto y las estaciones de trenes y autobuses cerrarían a las 10 de la mañana. A la larga la medida fue ampliada a la mayoría del resto de la provincia de Hubei, afectando a 56 millones de personas.”

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Wuhan intenta olvidar un año después las heridas que dejó el horror

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Wuhan, la gran urbe china que de la noche a la mañana se vio por sorpresa aislada y confinada, tras ser la primera en sufrir el virus que aún se cierne sobre el mundo, trata hoy todavía de recuperar su vida con mucha precaución, entre heridas que tardarán tiempo en superarse.

A las diez de la mañana del 23 de enero de 2020, esta ciudad de 11 millones de habitantes despertó totalmente clausurada, con sus accesos cerrados, las calles desiertas y la gente metida en sus casas, en medio del pavor por una enfermedad de la que se sabía bien poco.

En los primeros momentos del inédito aislamiento, algunos todavía pudieron salir a comprar comida en las pocas tiendas que permanecieron abiertas, pero al poco éstas también cerraron y nadie se movió de sus cuatro paredes en semanas.

Llegaron los días más terribles: los enfermos se multiplicaban y los hospitales, sin medios ni personal suficiente para luchar contra un virus casi desconocido entonces, no daban abasto para atender a todos los ciudadanos que mostraban síntomas.

Muchos eran devueltos a casa sin un diagnostico claro y algunos murieron allí sin saber siquiera de qué, o sufrieron solos y en silencio la enfermedad, sin apenas información sobre su alcance o sus eventuales secuelas.

EL PANICO A LO DESCONOCIDO Y EL HAMBRE

El miedo a lo desconocido y la falta de comida fueron la mayor preocupación de los wuhaneses esas primeras semanas, según los testimonios recogidos por Efe estos días entre decenas de habitantes de la ciudad.

En los primeros compases, con las tiendas de alimentación cerradas y todo el mundo confinado, las autoridades todavía no habían podido organizar la enorme operación logística de repartir alimentos en cada domicilio de la ciudad por lo que mucha gente recuerda el hambre.

Además, eran los primeros en enfrentarse a un virus nuevo que se cebó con ellos, sin apenas experiencias previas más que la del Síndrome Respiratorio Agudo y Grave (SARS), otra enfermedad causada también por un coronavirus que había afectado a China en 2013.

“La gente no tenía información, no sabía qué era exactamente el virus ni cómo se podía contraer y eso generó mucha ansiedad”, explica a Efe la psicóloga Li Geng, que trabajó sin descanso voluntariamente durante el confinamiento con los wuhaneses.

“Era como enfrentarse a algo invisible e impredecible, no sabíamos si de repente nos íbamos a contagiar todos o si algún día podríamos salir de casa”, afirma Yu Xingwen, una joven estudiante de medicina que pasó el confinamiento con su familia en el piso 23 de una de las miles de torres de viviendas que pueblan Wuhan.

Entre los que contraían la covid, el problema era otro, explica la psicóloga Li: “tenían miedo a la muerte o a las secuelas que podía dejar la enfermedad, desconocidas entonces, algunas todavía ahora”.

Cuando uno está ingresado en un hospital, al menos cuenta con la compañía del personal sanitario y la confianza de saberse en manos de profesionales, pero cuando se está solo en casa o -en el mejor de los casos- con familiares, cualquier síntoma extraño se convierte en una alerta inquietante.

“MI PADRE MURIO SOLO EN SU CASA”

“Mi padre murió solo en su casa, no culpo a nadie, no había camas en los hospitales y cada día venía un médico a verle, se desvivieron para atenderle pero era mayor y no pudo ser”, relata a Efe Wei Douyong (nombre ficticio), de 45 años, una de las pocas personas que se atrevieron a detallar el sufrimiento de aquellos terribles días.

La madre de Wei había fallecido dos años atrás y su padre, de 78 años, vivía solo en un apartamento de Wuhan, aunque el hijo buscaba una solución habitacional alternativa desde hace meses.

Esos momentos terribles duraron poco más una semana, el tiempo que tardó China en construir el hospital de campaña de Huoshenshan, uno de los dos que levantó en tiempo récord en la ciudad con módulos prefabricados para paliar la falta de camas hospitalarias.

El 2 de febrero, cuando se terminó en diez días la construcción de Huoshenshan, el Ejército chino ya transportaba material y personal médico a Wuhan para su apertura al día siguiente.

Luego llegaron cientos de médicos y sanitarios de varias provincias chinas, además de equipos de protección, mascarillas y material necesario para el personal médico, que los primeros días trabajaron sin descanso para comer o incluso para ir al servicio, ante la falta de trajes protectores de recambio.

La psicóloga nos cuenta que cuando el confinamiento acabó, el 8 de abril, algunos doctores y enfermeras tenían pavor de recordar los momentos terribles que habían vivido.

“Es habitual en una situación traumática. Preferir no recordar y mirar para adelante en lugar de hacia atrás”, explica.

Solo hace falta charlar un rato con cualquiera en las calles de Wuhan para palpar algo parecido: la mayoría de la gente no quiere hablar y la que accede pasa enseguida por encima de los recuerdos para destacar lo “bien que está ahora la ciudad” que la gran mayoría considera “la más segura del mundo”.

Y se dio una categoría más de sufrimiento psicológico, dice Li: la de quienes pasaron la enfermedad y se curaron pero temen ser rechazados, que la gente no les acepte o les cuelgue para siempre el estigma de la covid.

“Tratamos muchos casos de esos durante la cuarentena, pero también después e incluso alguno ahora, es una preocupación persistente”, comenta la psicoterapeuta.

UN NADADOR QUE ALIVIO EL CONFINAMIENTO EN EL YANGTSE

Desde el 8 de abril, Wuhan ha ido renaciendo poco a poco y ahora vuelve a ser una ciudad casi normal, con una animada vida cultural y nocturna, aunque nadie se quite la mascarilla y la precaución se palpe en cada momento y cada conversación.

Quedan muchas heridas todavía por cicatrizar y la capital de Hubei aún está lejos de ser la misma que antes.

Con todo, muchos wuhaneses salieron hoy, pese al cielo encapotado, a curiosear por las calles comerciales o pasear por sus hermosas playas fluviales junto al río Yangtsé, donde se veían también pescadores con caña.

Zou Liang, un diseñador wuhanés, de 40 años, que trabaja en el departamento de urbanismo municipal, se atrevía incluso esta mañana -cuando los termómetros marcaban 5 grados- a zambullirse en las frías aguas del Yangtsé y nadar en paralelo a la orilla durante más de media hora.

“Estuve nadando aquí todos los días durante el confinamiento, burlaba las barreras y los controles para venir, me gusta mucho nadar”, afirma sonriente a Efe nada más salir del agua.

Zou se muestra “feliz de que aquello haya pasado” y no tiene miedo de que el virus “pueda volver a Wuhan”, pese a los rebrotes actuales en el norte del país, los peores desde marzo de 2020.

“China está muy preparada y los está combatiendo muy bien”, dice, antes de despedirse y zambullirse de nuevo en las aguas del colosal río de Asia.

EFE

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China lucha por frenar al virus un año después del histórico cierre de Wuhan

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China lucha por frenar al virus un año después del histórico cierre de Wuhan

El Gobierno de china seguía luchando hoy contra los mayores rebrotes en diez meses del SARS-CoV-2, en víspera del aniversario del histórico, y hasta entonces inédito, cierre de una ciudad de once millones de habitantes: la urbe de Wuhan, capital de la provincia de Hubei, en pleno centro del país.

El gigante asiático ha confinado ya a millones de personas en tres provincias del norte y hoy empezó a hacer test a otras tantas en amplias zonas de Pekín, que sumó tres nuevos casos en el distrito de Daixing y marca un total de 14 desde el pasado domingo.

Aunque esas cifras no incluyen a los asintomáticos -China no lo hace mientras no muestren síntomas- y que traen de cabeza a las autoridades de la capital y otros lugares.

China lleva días superando los dos centenares de contagios diarios -incluidos los asintomáticos- la mayoría por transmisión local y, aunque hasta ahora se focalizan en las provincias del norte, seis nuevos casos en Shanghái, bastante más al sur, y el posible movimiento de infectados sin detectar han desatado las alertas.

PRIMER BROTE EN UNA FÁBRICA DE ALIMENTOS LOCAL

Hoy se conoció además que se han detectado diez nuevos casos confirmados y 31 asintomáticos entre los trabajadores de una fábrica de pollos en la ciudad septentrional de Harbin, propiedad de la compañía tailandesa Charoen Pokphand, uno de los mayores productores avícolas del mundo.

China ha encontrado a menudo coronavirus en carne y pescado congelado importado, pero hasta el momento no había anunciado brotes en su industria de alimentación.

Y este foco se detectó en los test rutinarios de los ciudadanos de la provincia de Heilongjiang, cuya capital es Harbin, con un rebrote desde hace días, lo que aumenta la preocupación sobre otras posibles infecciones ocultas.

Hacer rápidamente test a millones de personas es el método elegido por China para evitar que algún contagiado, sobre todo asintomático, pueda quedar sin identificar y, por tanto, moverse libremente.

MILLONES DE TEST EN PEKÍN

Hoy se formaron largas colas de personas para hacerse PCR en grandes barrios de Pekín, que ha ordenado analizar en dos días a los más de dos millones de habitantes de los céntricos distritos de Doncheng y Xicheng, además de los test que ya se han hecho en Daxing y Shunyi, los dos distritos afectados de la capital.

Los portavoces municipales mostraron también su preocupación por algunas quiebras del control epidémico en algunas zonas rurales de la capital, donde no se ha seguido totalmente la normativa sobre mascarillas, controles de temperatura o distancia social.

El control de la covid en el campo es una de las mayores preocupaciones del Gobierno chino, que ha obligado a cientos de millones de inmigrantes que habitualmente regresan a sus pueblos por el Año Nuevo Lunar -el 12 de febrero este año- a someterse a test y a dos semanas de cuarentena en su casa familiar.

Evitar que las infecciones no identificadas puedan extenderse durante los viajes de Año Nuevo, tanto en el campo como en las ciudades, se ha convertido en una de las grandes prioridades de Pekín.

WUHAN DICE NO TENER MIEDO

Y entretanto, en la ciudad donde todo empezó, los wuhaneses aseguran confiar en las medidas del Gobierno y no temer que se pueda repetir la pesadilla del 23 de enero de 2020, cuando por primera vez en la historia se clausuró a cal y canto una urbe de esa magnitud durante 78 días, con once millones de personas encerradas.

La supuesta zona cero de la pandemia, el mercado de pescado y mariscos de Huanan, aparecía hoy desolado y clausurado por una gran valla azul y blanca de más de tres metros de altura, que impide cualquier mirada a su interior desde la calle.

Su segunda planta está abierta, sin embargo, y repleta de tiendas de gafas sin clientes, aunque varios guardias a la entrada solicitan multitud de informaciones y escanear códigos de salud a los periodistas de Efe, antes de permitirles la entrada.

Allí -justo encima del epicentro de la covid- Yana Jung, que regenta una de las decenas de ópticas que ocupan toda la extensión del mercado un piso más arriba, dice no tener miedo de que el virus vuelva otra vez a Wuhan.

“Nosotros tuvimos suerte porque nos fuimos el 8 de enero por las fiestas de Año Nuevo, antes de que cerrarán la ciudad. Ninguno de los trabajadores de esta planta se contagió”, asegura, pese a que el virus había estallado en el mercado casi un mes antes del día que dice que cerraron.

Esta mujer de 52 años cree que las estrictas medidas de China contra los rebrotes evitarán que la covid llegue de nuevo a Wuhan, pese a los viajes del próximo período vacacional en el que no piensa, en cualquier caso, moverse de la ciudad, al igual que muchos de sus colegas de planta consultados por Efe.

Al fondo del segundo piso, un pasillo conduce a unas escaleras que bajan al mercado, pero el guardia que nos sigue a todas partes desde que entramos no nos permite descenderlas, ni filmar nada en toda la planta.

Con todo, nos asomamos al hueco de las escaleras, una suerte de agujero negro que parece succionarte hacia el infierno, aunque apenas podemos distinguir una puerta clausurada en medio de la oscuridad.

EFE

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