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El despliegue de soldados en las calles aumenta la tensión en Birmania

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Con el Ejército desplegado en las calles del país y tras una larga noche sin internet, en Birmania volvieron a desafiar este lunes la creciente represión de los militares y salieron un día más a protestar, mientras la líder electa, Aung San Suu Kyi, continúa en arresto domiciliario.

Cuando se cumplen dos semanas del golpe de Estado y en un ambiente cada vez más tenso, la policía y soldados dispararon hoy indiscriminadamente con escopetas de aire comprimido para disolver una manifestación en Mandalay, la segunda ciudad del país, según confirmaron a Efe dos testigos, sin que de momento haya cifras de heridos.

En Rangún, grupos de manifestantes mostraron su rechazo a la junta militar con pancartas que rezaban “Acabad con la dictadura” al paso de los tanques y camiones militares que desde la víspera recorren la mayor ciudad del país.

En la sede del Banco Central el Ejército desplegó a primera hora de la mañana varios vehículos armados y a más de un centenar de policías como un claro mensaje de amenaza a los empleados que han decidido protestar con el levantamiento militar que acabó con el gobierno electo de Aung San Suu Kyi.

Una de bazas más efectivas del movimiento de desobediencia civil contra el golpe están siendo la huelgas iniciadas por los trabajadores del sector de la sanidad y que están siguiendo muchos funcionarios, lo que está paralizando la Administración.

La presencia militar también se notó hoy en los alrededores de la sede de la Liga Nacional para la Democracia (LND) el partido liderado de Suu Kyi, donde se concretaron manifestantes para pedir la liberación de la nobel de la Paz.

SUU KYI SIGUE ARRESTADA

La popular líder de 75 años lleva en arresto domiciliario en su residencia oficial de la capital, Naypidó, desde que el pasado 1 de febrero los militares se levantaran contra el Gobierno electo y detuviera a parte de sus miembros.

Suu Kyi permanecerá detenida hasta al menos el miércoles, cuando podría comparecer ante un juez, confirmó a Efe el abogado Khin Maung Zaw.

La hasta ahora consejera de Estado, que ya pasó 15 años de arresto domiciliario durante anteriores gobiernos de juntas militares, ha sido acusada de importación ilegal de un dispositivo telefónico y se enfrenta a una pena de hasta tres años de cárcel.

El abogado de Suu Kyi, que aseguró que todavía no ha podido reunirse con su clienta, apuntó que se espera que la sesión del miércoles se celebre por vídeoconferencia, aunque el juez dijo que todo dependerá de la decisión de la policía.

UN LARGA NOCHE

Birmania despertó hoy de una larga noche de incertidumbre después de que a última hora de la tarde del domingo se desplegara el Ejército en las calles y se cortara internet lo que dejó prácticamente incomunicados a los ciudadanos con el temor a más detenciones y una mayor represión de los uniformados.

El silencio llegó tras una semana de protestas masivas y cuando la población compartía en las redes sociales una avalancha de vídeos de manifestaciones y redadas policiales.

Según el observatorio NetBlocks, el tráfico de internet en Birmania cayó hasta el 14 % de lo habitual desde la 1.00 horas del lunes (18.30 GMT del domingo) y no volvió a la normalidad hasta ocho horas después, en el tercer bloqueo de las comunicaciones desde el golpe de Estado perpetrado por la junta militar hace dos semanas.

EL MUNDO ESTÁ MIRANDO

La represión en las calles y el despliegue de tanques en varias zonas de Rangún llevó a que un grupo de embajadas, incluidas la de la Unión Europea, Estados Unidos, Reino Unido, España y otra decena de países, publicaran un comunicado en la noche del domingo en el que condenan de forma “inequívoca” la detención de líderes políticos, activistas y funcionarios y el acoso a periodistas.

“Llamamos a las fuerzas de seguridad a abstenerse de usar la violencia contra los manifestantes y civiles, que están protestando contra el derrocamiento de un Gobierno legítimo”, reza el comunicado.

“Apoyamos al pueblo de Birmania en su búsqueda de la democracia, libertad, paz y prosperidad. El mundo está mirando”, advirtieron.

La junta militar, encabezada por el jefe de las Fuerzas Armadas, Min Aung Hlaing, justificó la toma de poder por un supuesto fraude electoral en los comicios del pasado noviembre en los arrasó la LND de Suu Kyi como ya hizo en 2015.

EFE

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Los primeros días de los últimos de Fukushima

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Los primeros días de los últimos de Fukushima

Hace diez años, Japón experimentó el terremoto más destructivo de su historia, uno que quedó marcado en los recuerdos desde el epicentro de la tragedia: los muertos rescatados de un amasijo de autos, aviones y barcos en Natori, el anciano viudo buscando un teléfono o un cargador en un refugio de Fukushima o el radiactivo pueblo de Futaba a punto de morir.

Es difícil digerir y contar con sus matices la tragedia de los desplazados, unos 36.000 que a día de hoy siguen desarraigados de su tierra por la radiactividad; o los minutos de incertidumbre que se convirtieron en días, y para muchos japoneses de las prefecturas de Fukushima, Miyagi o Iwate, en años.

El terremoto de Tohoku, un fenómeno de la omnipotencia de la naturaleza, se vio ampliado por el desastre de la central nuclear de Fukushima Daiichi, un accidente en aquellos días de consecuencias impredecibles y potencialmente catastróficas creado por el hombre y su progreso.

LA NOCHE DEL 12 DE MARZO

La noche del 12 de marzo en la central nuclear de Fukushima Daiichi todo eran carreras, pánico y barras de uranio fuera de control. A pocos kilómetros de ese complejo, decenas de personas, familias con lo puesto, dormían en un aparcamiento sin electricidad que solo se alumbraba con el paso de los convoyes militares.

En la zona de exclusión los teléfonos móviles solo funcionaban a ratos y la radio emitía el mismo parte de emergencia en todas las frecuencias disponibles, mientras que las réplicas y la proximidad del océano no dejaban de recordar: “llegar a mañana no depende de ti”.

Esas familias, que solo empacaron ropa para unos días, como la de Yun con sus dos hijas pequeñas, posiblemente jamás regresarán a vivir en lo que fue su pueblo, que sigue hoy detenido en la tarde del 11 de marzo de 2011.

Al día siguiente, mientras los helicópteros Chinook examinaban fugas en los reactores, decenas de vehículos permanecían abandonados en medio de las calles de Futaba, columnas de humo se dibujaban en el horizonte y al silencio solo lo interrumpían los ladridos de los perros atrapados en las viviendas recién desocupadas a la carrera.

El día 13, un domingo que podría haber sido un martes, con los reactores y las piscinas de combustible nuclear fuera de control, estaba claro que las personas que quedaban en el arco que forman Futaba, Minamisoma y Fukushima estaban abandonadas a su suerte.

UNA AMENAZA INVISIBLE Y LENTA

Poco se puede hacer contra la amenaza de una venenosa radioactividad invisible o para esquivar los isótopos de cesio, que se cuelan entre las paredes y viajan en el aire sin esfuerzo. Los átomos pueden descansar durante décadas en los pulmones o tener la concentración suficiente para firmar una sentencia de muerte irrevocable.

La experiencia de Fukushima la tercera semana de marzo de 2011 no debía distar mucho de lo que vivieron los habitantes de Pripiat en 1986, con el añadido de que la costa de toda esa zona de Japón estaba arrasada por un tsunami de una escala nunca vista y los cimientos de toda la mitad noreste de la región de Tohoku habían quebrado.

El gabinete de crisis en el centro de Fukushima, era, para los estándares de Japón, un absoluto caos de funcionarios trasnochados, técnicos de la eléctrica TEPCO trabajando sin descanso y militares y policías haciendo rondas interminables hacia la zona de exclusión.

Cualquiera podía adentrarse en ese centro de crisis, preguntar por los desaparecidos, ojear las pizarras con planes inconsecuentes o pedir un cigarrillo a quién fuera, porque fumar era lo único que servía para conjurar las prisas, aunque fuera un complemento irresponsable al más cancerígeno de los descansos.

SIN NUEVA NORMALIDAD POSIBLE PARA UN JAPÓN IRREDUCTIBLE

En los momentos de mayor crisis la gente intenta regresar a una normalidad que se les escapa de las manos de una manera casi irracional.

Tras establecer el precario perímetro de la zona de exclusión algunos intentaban colarse para volver a sus casas, mientras que en el pueblo de Iitate se afanaban por reabrir alguna ruta de autobús al tercer día, pese a que el aire rabiaba de radiactividad y muchas zonas estaban ya condenadas a décadas de abandono.

La imagen de una mujer de unos 70 años llevándose el cadáver amortajado de su marido en una pequeña furgoneta pickup, tras haber sido desenterrado por voluntarios de las inmediaciones inundadas del aeropuerto de Sendai por el tsunami, es aún hoy una muestra de la entereza de los japoneses durante una tragedia nacional para un país asentado en el “Cinturón de Fuego”.

Cuando lo peor en la central de Fukushima Daiichi parecía haber pasado y un nuevo Chernóbil era algo improbable, las madres hicieron un petate y partieron camino del sur con sus hijos pequeños, huyendo de las nubes radiactivas, sin prestar mucha atención a todas las comodidades que ese país del primer mundo no podía proveerles hasta nuevo aviso.

Once meses después, el alcalde de Iitate parecía un hombre nuevo. Norio Kanno, regidor de un municipio de parias, aseguraba desde Washington que la respuesta a la crisis siempre estuvo allí sin que se dieran cuenta, en el lema de su pueblo, que había pasado de tener 6.000 vecinos a quedar solo ocupado por fantasmas.

“El lema de nuestro pueblo es ‘madei’, que significa entorno de consideración del otro y la naturaleza. La respuesta a lo que pasó en Fukushima, a la búsqueda de prosperidad y a los problemas de esa necesidad desmedida por más energía era esa -sentenciaba el nuevo Kanno-: no acumular más cosas, sino acumular más momentos y más relaciones humanas”.

Aquellos días de dolor, los periódicos pegados a las puertas de los refugios o escritos a mano en cartulinas eran también un recordatorio de que en los peores momentos, cuando la civilización parece desmoronarse, es la prensa, la información sobre lo que ocurre, una de las pocas esperanzas en el silencio.

EFE

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Un hombre decapita a su hija al verla teniendo relaciones y se entrega con su cabeza en la mano

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Un hombre decapita a su hija en la india

El asesinato de una joven de 18 años a la que su propio padre decapita, está conmocionando a la India.

Tras el homicidio, el hombre fue encontrado con la cabeza de su hija en la mano de camino a entregarse a la policía local.

Al parecer- el asesino, de 40 años, decapita a su hija por no estar de acuerdo con la relación que mantenía con un joven.

Las imágenes del hombre caminando con la cabeza de su hija en la mano para entregarse a las autoridades, fueron divulgadas por las televisiones indias, provocando la indignación del país.

El crimen se dio en el estado de Uttar Pradesh.

“El acusado vio a su hija en una posición comprometedora con un hombre joven y, al verlo, perdió la calma y decapitó a su propia hija”, dijo Anurag Vats, el superintendente de Policía del distrito de Hardoi donde tuvo lugar ayer el suceso.

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Al menos 38 muertos en protestas de este miércoles en Birmania, según la ONU

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Al menos 38 muertos en protestas de este miércoles en Birmania, según la ONU

Al menos 38 personas murieron este miércoles en Birmania en una nueva jornada de protestas contra la junta militar violentamente reprimidas por las fuerzas de seguridad, según la enviada especial de la ONU, Christine Schraner Burgener.

“Hoy fue el día más sangriento desde que ocurrió el golpe”, dijo Schraner Burgener en una conferencia de prensa para repasar la situación en el país asiático desde que los militares tomaron el poder el mes pasado.

Las manifestaciones en rechazo del golpe militar continuaron este miércoles a lo largo del país, a pesar de la brutal represión policial, que solo el domingo se había cobrado la vida de 20 manifestantes, la mayoría a causa de disparos de la Policía.

EFE

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