Las gélidas temperaturas ponen a prueba las infraestructuras ucranianas dañadas

La llegada de tormentas de nieve y temperaturas de hasta 17 grados bajo cero suponen una dura prueba para las infraestructuras energéticas del país, muy dañadas por los ataques deliberados rusos y parcialmente bajo ocupación, al tiempo que agudizan las dificultades a las que se enfrentan los soldados en el frente.

“Los masivos ataques con misiles de esta mañana no han tenido un efecto crítico para el sistema energético”, informó el operador de la red eléctrica, Ukrenergo, después de que 51 misiles y ocho drones rusos atacaran infraestructuras esenciales esta mañana.

Después del ataque, que se produjo en la que ha sido hasta ahora la madrugada más fría del invierno, las necesidades de los consumidores se seguían cubriendo en base a la producción nacional y a la importación de electricidad de Rumanía y Eslovaquia, comunicó el operador.

No obstante, Ukrenergo también instó a todos los usuarios a moderar el consumo ante la perspectiva de que éste aumente a lo largo de la jornada.

Hasta ahora, Ucrania ha evitado los masivos cortes de suministro sufridos el invierno pasado después de que Rusia tomara como blanco deliberado las centrales energéticas y las redes de distribución por todo el país.

Sin embargo, los ataques continuados con drones y con misiles, así como las temperaturas gélidas bajo cero que durarán según se pronostica toda la semana implican que el peligro todavía no ha pasado.

Un reto difícil
“Las bajas temperaturas suponen un gran estrés para el sistema energético en su totalidad”, afirmó el experto Volodímir Omelchenko, del centro de estudios Razumkov, en declaraciones a la televisión, y señaló que es posible que en algunas partes del país se produzcan cortes planificados y de corta duración.

Aproximadamente la mitad de la capacidad de generar electricidad, en particular en plantas térmicas, fue dañada o destruida en los ataques del año pasado, explicó Omelchenko a EFE, por lo que el país depende de las importaciones para cubrir las carencias.

Algunas de las principales centrales, como la planta nuclear de Zaporiyia, la mayor de europa, permanecen ocupadas por Rusia.

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Sin embargo, Omelchenko no cuenta con que el sistema energético ucraniano colapse este invierno, ya que según dice las “soluciones creativas” de los ingenieros ucranianos han mejorado la protección física de la infraestructura.

Ucrania recibió además ayuda importante de varios aliados extranjeros que suministraron fondos y equipos para reforzar el sistema dañado, añadió, para agregar después que las defensas antiaéreas ucranianas son más potentes este invierno.

El portavoz de la Fuerza Aérea ucraniana, Yuri Ignat, dijo recientemente a EFE que es posible que Moscú haya abandonado la idea de atacar el sistema energético, aunque indicó que no se puede descartar que Rusia regrese a esta estrategia si las temperaturas se mantienen bajas por un largo tiempo.

El frío y las congelaciones, otro enemigo
La bajada de las temperaturas y los fuertes vientos afectan por otro lado a los soldados que tienen que pasar días en las trincheras repeliendo ataques rusos, al aumentar el riesgo de congelaciones de miembros.

Algunos, como Oleksandr Zhugan, desplegado en la región oriental de Donetsk, está pasando ya su segundo invierno en el ejército y ha acumulado cierta experiencia, mientras que los reclutas más recientes tienen más dificultades para lidiar con temperaturas de hasta menos 15 grados.

Quienes están más lejos del frente utilizan a menudo estufas de leña o generadores eléctricos para mantener el calor en los refugios subterráneos, pero los soldados que están en la propia línea del frente tienen menos recursos.

Los calentadores de mano químicos son especialmente útiles, dice Zhugan a EFE, pues pueden usarse en cualquier situación.

“Cada vez que salgo fuera siento el frío, el viento penetrante, la escarcha y sólo tengo un pensamiento en la cabeza: que ahora mismo, a unos cientos de kilómetros de distancia, nuestros defensores están luchando a muerte, helándose en trincheras y subterráneos”, afirma Nadia Cherednik.

Cherednik es una de las muchas voluntarias civiles que han estado procurando miles de calentadores químicos y plantillas térmicas para los soldados a través de campañas de micromecenazgo.

Los voluntarios también fabrican velas de trinchera, aunque éstas sólo se pueden usar de forma cautelosa ya que el calor que emiten facilita la detección por el enemigo.

Sin embargo, todo lo que hacen para ayudar a los soldados ucranianos nunca es suficiente frente a las gélidas temperaturas, lamentan.

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EFE