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Chris Carpentier, el reconocido chef estará en sesiones de cocina con Movistar

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El reconocido chef Chris Carpentier publicará cada semana en alianza con Movistar recetas para preparar en casa en el programa Conectados en Familia.

La alianza que generó Movistar con el reconocido chef brindará a los clientes y colaboradores de esta compañía seis meses de entretenimiento en familia en los que podrán disfrutar de la preparación de los mejores platos y el paso a paso de recetas simples, ricas y útiles.

El programa se podrá ver semanalmente por el canal de Youtube del chef.

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Alimentación

El cuscús, plato emblemático del Magreb, ya es Patrimonio de la Humanidad

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El cuscús, plato emblemático del Magreb, ya es Patrimonio de la Humanidad

A propuesta conjunta de Marruecos, Argelia, Túnez y Mauritania, la Unesco acaba de incluir el cuscús como “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad” en su listado de 2020, permitiendo así que adquiera carta de nobleza este plato emblemático hecho con sémola de trigo cocida al vapor sobre la que se sirven verduras y carne.

Desde el siglo XII en que se registran las primeras menciones escritas a este manjar, este plato emblemático del Magreb, sobre el que Marruecos y Argelia se peleaban -como por tantas otras cosas-, el cuscús ha cumplido ya casi diez siglos mostrando una tremenda vitalidad: sus ingredientes no faltan en ningún hogar ni en ningún comercio magrebí.

EL CUSCÚS: ORIGEN BEREBER

El historiador marroquí Hassan Aourid afirma sin género de dudas que el cuscús “es el plato de los amazighs” (bereberes), pues se encuentra en diferentes variantes en todos los países donde quedan comunidades de lengua bereber, desde Mauritania hasta el oasis egipcio de Siwa. El mismo nombre -asegura- viene del bereber “seksou”.

Hay quien dice que es el cuscús el que marca la imprecisa frontera entre el Magreb y el Mashreq (como los árabes llaman al Oriente Próximo), pues el preciado plato a base de sémola se come hasta Libia y Siwa, pero ya no en El Cairo ni el valle del Nilo.

Aurid cuenta que el gran historiador tunecino Ibn Jaldún, al que se suele definir como el padre de la Sociología, ya decía allá por el siglo XIV que había tres cosas que definían a los bereberes: el cuscús, el barnús (una capa con gorro que todos los hombres vestían) y la cabeza rapada.

Dos siglos después, León el Africano, exiliado en el reino de Marruecos tras la caída del reino de Granada, decía que en sus viajes por África había observado que los bereberes “cuando comen alcuzcuz, todos los convidados sacan de la misma fuente y lo toman sin cuchara”.

Aludía el viajero a una costumbre que aún puede verse en las regiones rurales del Magreb, y es el cuscús comido con las mismas manos: con ellas se moldean unas bolas de sémola que se llevan a la boca, aunque a decir verdad ya no es corriente y lo normal es que el comensal use una cuchara.

Lo que era un hecho entonces y sigue siéndolo es que el cuscús se toma en familia o en grupo, todos sentados alrededor de un mismo plato de forma circular.

Tan es así que la UNESCO ha destacado que el cuscús, más allá de la alimentación, es “la expresión de la vida en sociedad”.

UN PLATO DE VIERNES Y DE CEREMONIAS

El cuscús es un “plato de viernes”, al igual que en Europa ha habido durante siglos “platos de domingo”. En estas latitudes, el viernes es el día del rezo en la mezquita, y lo habitual es que los fieles vayan del templo a su casa y allí compartan un plato de cuscús en familia.

Pero además, el cuscús no falta en las grandes ocasiones, festivas o de duelo: se come para celebrar los nacimientos, las bodas o los funerales.

“Favorece los encuentros, propicia la comunicación, estimula los intercambios generacionales y afirma los lazos sociales tanto durante su producción como durante su consumo”, dice el dosier de la candidatura conjunta.

Cuando se come cuscús, hay ciertas reglas no escritas que manda la buena educación, esa que se hereda dentro de los muros de casa: la sémola se sirve desbordando el plato, sin dejar huecos, pues lo contrario dará impresión de mezquindad; cada comensal comerá de la parte que tiene delante, sin derecho a “invadir” la contraria, y siempre debe quedar algún resto dentro de la fuente.

Cada cual acompaña el cuscús con lo que quiera, agua o té, pero en Marruecos lo verdaderamente popular es servirlo con un vaso de leben, leche agria de la familia del kefir que sirve -dicen- para hacer bien la digestión.

Hay un gesto de buen musulmán cuando se come cuscús, que consiste en separar una o varias porciones para el portero, el guardacoches o el menesteroso que llama a la puerta; es decir, es de gente decente compartir el cuscús con quien no tiene.

DULCE, SALADO, PICANTE…

Como todos los platos de la cultura popular, hay mil variedades de cuscús, siempre que se parta de una base de sémola de trigo (y aun a veces de cebada). Incluso en esto, hay quienes prefieren sémola de tamaño fino, medio o grueso, y así se vende en el mercado.

La mayoría de versiones se componen de sémola sobre la que se sirven verduras y carne, y aquí caben todo tipo de carnes: ternera, pollo, cordero, cabrito o camello. En cuanto a las verduras, admite casi todas las que haya en el mercado en ese momento, y el único debate casi “existencial” es el que opone a los partidarios y los detractores de la patata.

En Túnez y en la ciudad marroquí de Safi se puede encontrar el cuscús con pescado, y en cuanto a las especias, se va haciendo más picante conforme uno se desplaza hacia el este.

Hay algunas variedades de cuscús dulce, con azúcar, cebolla caramelizada y pasas de uva, a lo que se añade miel y canela, que en Marruecos se llama “tfaya”.

El historiador Aourid dice que al cuscús le ha pasado lo que a la hamburguesa o la pizza: nacieron en un lugar muy concreto y ahora se han vuelto universales, siendo posible encontrar mil y una versiones de este plato.

Así se entiende, por ejemplo, que en la mismísima Francia una encuesta nacional en 2017 sobre los platos más populares hizo aparecer el cuscús en el podio del “top tres”. La numerosa comunidad magrebí establecida en Francia desde hace generaciones ha conseguido que el cuscús parezca tan francés como el magret de pato.

Javier Otazu

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Padres demandan a niñera que le dio pollo a sus dos hijos vegetarianos

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Padres demandan a niñera que le dio pollo a sus dos hijos vegetarianos

600 dólares por resarcimiento le están pidiendo a una niñera los padres de dos niños vegetarianos a los que la joven de 19 años les dio bocados de pollo.

Según informa The Mirror, la muchacha cuida niños desde que era una adolescente y a estos dos de 7 y 9 años los quiso premiar y les dio para cenar comida a base de pollo.

Sin embargo, ni los padres ni los niños mencionaron el detalle de que eran vegetarianos, y esto provocó una gran pelea cuando la madre regresó y encontró a sus hijos comiendo pollo.

“La mamá llegó temprano a casa y vio a sus hijos comiendo nuggets de pollo. Literalmente se los arrancó de las manos y empezó a gritar que soy horrible por permitir que sus hijos coman cadáveres”, contó la niñera.

“Me echó sin pagarme y luego me envió un mensaje de texto diciéndome que tenía que pagarle 300 dólares por cada niño por el daño emocional que les había causado y que si no lo hacía, me llevaría a la corte”, agregó.

La joven reveló que se negó a pagar el dinero y que le explicó a la mujer que debería haberle dicho que sus hijos no comían carne: “Si lo hubiese sabido me habría asegurado de respetar completamente la elección de la dieta de su familia”.

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Las grasas saturadas no dañan el corazón, según estudio científico

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grasas saturadas

Ni las grasas saturadas son dañinas ni el nivel del colesterol es relevante para la salud del corazón, pero una dieta baja en carbohidratos sí puede aliviar las enfermedades cardiacas, dice a Efe el científico David Diamond, autor de un nuevo estudio que redime a una buena chuleta de falsas acusaciones.

El investigador de enfermedades cardíacas de la Universidad del Sur de Florida (USF) reconoce que suena extraña esta defensa de los alimentos de origen animal y los aceites tropicales (el de coco) que desarrolla en un estudio publicado recientemente en la revista británica BMJ Journals.

Preguntado sobre si la investigación a su cargo es una reivindicación de las grasas saturadas, contestó: “completamente”.

“Las grasas saturadas han sido acusadas falsamente y condenadas por causar enfermedades cardíacas, así como otras enfermedades, todo sin justificación”, agregó el profesor y neurocientífico de USF.

La investigación concluye que no hay evidencia entre una dieta baja en grasas saturadas y la reducción del colesterol y de los riesgos de enfermedad cardíaca, y recalca que se trata de una teoría “desactualizada”.

ADIÓS A UN MITO

Diamond lideró un equipo internacional, que incluyó entre otros a cinco cardiólogos, que estudió “las defectuosas recomendaciones de dieta” para las personas con hipercolesterolemia familiar (FH).

Los expertos no pudieron encontrar ninguna justificación para la recomendación de una dieta baja en grasas saturadas, como la carne, los huevos y el queso, hecha entre otras por la American Heart Association (Asociación del Corazón de EE.UU.)

“Las personas con FH -explicó Diamond- tienen una anomalía genética que hace que sus niveles de colesterol sean extremadamente altos, aproximadamente 3 veces más de lo normal”.

“Pero mostramos aquí (en el estudio) que el nivel de colesterol es irrelevante para las enfermedades del corazón”, subrayó.
El especialista matizó que las recomendaciones para pacientes con FH “también se aplican a todas las personas”.

En ese sentido, dijo, “nuestro artículo es un paso para acabar con el mito de que las grasas saturadas son dañinas”.

Por otro lado, el científico indicó que “no hay buenos estudios sobre la mejor dieta para personas con enfermedades cardíacas”, pero subrayó que bajar el azúcar es saludable para el corazón.

“La dieta baja en carbohidratos mejora todas las medidas que realmente importan”, matizó.

LA RENTABLE INDUSTRIA DEL COLESTEROL

“Las personas con FH que no fuman, controlan el azúcar en la sangre y el estrés y no tienen sobrepeso, no tienen más riesgo de enfermedad cardíaca que las personas que no tienen FH”, dijo.

“Sé que esto suena completamente contrario a lo que le han dicho, pero eso se debe a que la reducción del colesterol es muy rentable”, aseguró.
En ese sentido, Diamond precisó que muchos productos se venden con el llamado “beneficio” de reducir el colesterol, como el aceite de maíz, la avena y medicamentos como las estatinas.

“Sin embargo, estos productos benefician a las compañías de alimentos y medicamentos mucho más que a los pacientes que los usan”, aseguró.
Por otro lado, Diamond dijo que su investigación se suma a otra “también poderosa” publicada en días pasados por Journal of the American College of Cardiology.

“La recomendación de limitar la ingesta de ácidos grasos saturados (SFA) en la dieta ha persistido a pesar de la creciente evidencia de lo contrario”, señala dicha publicación académica.

Se trata de un estudio que proporciona pruebas “contundentes” de que los alimentos que aumentan el azúcar en la sangre, como el pan, las papas y los dulces, deben minimizarse, en lugar de los aceites tropicales y los alimentos de origen animal.

LA FORMA “IDEAL” DE PERDER PESO

Sobre la ayuda de esta investigación para aquellos que luchan contra el sobrepeso, sin tener problemas cardíacos o de colesterol, Diamond dijo que “la dieta baja en carbohidratos es una forma ideal de perder peso”.

Sin embargo, señaló que entiende que puede ser difícil.

“Eliminar los carbohidratos significa reducir en gran medida el consumo de pan, pasta, papas, cereales y azúcar, lo que para algunos puede ser muy difícil porque el azúcar puede ser adictivo”, dijo.

No obstante, explicó que en lugar de estas ricas comidas, una persona “puede disfrutar de todas las formas de alimentos de origen animal, la mayoría de las verduras y algunas frutas”.

El estudio de Diamond señala que seguir una dieta baja en carbohidratos es más eficaz para las personas con mayor riesgo de enfermedad cardíaca, como las personas con sobrepeso, hipertensas y diabéticas.

AGENCIA EFE

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