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Los jacintos del bosque de Halle se quedan sin visitantes

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El bosque de Halle, situado a menos de 30 kilómetros de Bruselas, es famoso por la floración anual de sus jacintos, un fenómeno casi único en Europa que este año solo durará unos diez días por el calor excepcional que ha experimentado Bélgica y que no recibirá visitas por la crisis del coronavirus.

Este bosque concentra el mayor número de jacintos de color púrpura del mundo, una planta que solo florece tres semanas al año y que transforma el enclave en un manto de color que hace las delicias de fotógrafos, documentalistas y aspirantes a “instagrammer”.

No el balde, el Bosque de Halle puede encontrarse en Google bajo el nombre “el bosque azul mágico”.

“Es un fenómeno muy extraño en Europa, solo se puede verse en pequeñas zonas del sur de Inglaterra, en el norte de Francia y aquí en Flandes”, señaló a Efe Patrick Hubenne, el director regional de la Agencia de Naturaleza y Bosques belga.

Según explicó Hubenne, los jacintos necesitan de un clima atlántico para florecer, ya que son “muy sensibles”, por lo que las inesperadas altas temperaturas acontecidas durante el mes de abril en Bélgica provocarán que el fenómeno dure este año la mitad de lo habitual.

Paradójicamente, pese a la brevedad de la floración, este año los jacintos no experimentarán una gran aglomeración de visitantes, ya que la crisis sanitaria provocada por el coronavirus ha paralizado el turismo internacional y solo se permite visitar el bosque a las personas que viven cerca de él.

“Esperamos que la situación cambie en los próximos meses y que el año que viene la gente pueda venir”, confesó Hubenne, quien señaló que el bosque recibe anualmente “decenas de miles de visitantes” que vienen, sobre todo, de Bélgica y Francia, pero también de India, Finlandia, Tailandia y América Latina, entre otros lugares.

La historia del bosque está ligada a la propia historia de Bélgica: el enclave fue propiedad del Duque de Arenberg, quien a principios del siglo XX mandó talar la mayoría de los árboles.

Tras la Primera Guerra Mundial, la propiedad del bosque pasó a manos del Estado belga, que replantó todo el terreno.

Esto provocó que en un ecosistema muy antiguo crecieran árboles y plantas muy jóvenes, que cerraron el espacio sin llegar a invadirlo, provocando el florecimiento de un manto de jacintos de más de 500 hectáreas.

Esta vez habrá que contentarse con ver algunas fotos, pero la buena noticia es que el año que viene la primavera volverá a florecer en el mágico bosque azul de Europa.

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