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WASP-107b, un exoplaneta mucho más etéreo de lo imaginado

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La masa del núcleo del exoplaneta gigante WASP-107b es mucho menor de lo que se creía que era necesario para formar la inmensa envoltura de gas que rodea a un gigante gaseoso él mismo o como Júpiter y Saturno, en el sistema solar, según un estudio publicado hoy en el Astronomical Journal.

Liderado por Caroline Piaulet, de la Universidad de Montreal (UdeM), el artículo, realizado con expertos en exoplanetas de Canadá, Estados Unidos, Alemania y Japón, sugiere que los gigantes gaseosos se forman con mucha más facilidad de lo pensado, un hallazgo que tiene importantes implicaciones.

Descubierto en 2017, WASP-107b orbita a la estrella WASP-107 -situada a 212 años luz de la Tierra en la constelación de Virgo- y está 16 veces más cerca de su astro que la Tierra del Sol.

Tan grande como Júpiter pero diez veces más ligero, WASP-107b es uno de los planetas llamados planetas “super-puff” (súper etéreo) o “cotton-candy” (algodón de azúcar).

Piaulet y su equipo utilizaron por primera vez las observaciones del WASP-107b obtenidas en el Observatorio Keck de Hawai para evaluar su masa con mayor precisión.

Usando el método de la velocidad radial, que permite determinar la masa de un planeta observando el movimiento de bamboleo de su estrella anfitriona, concluyeron que la masa del WASP-107b es aproximadamente una décima parte de la de Júpiter, o unas 30 veces la de la Tierra.

Después, los investigadores hicieron un análisis para determinar la estructura interna más probable del planeta y llegaron a una conclusión sorprendente: con una densidad tan baja, el planeta debe tener un núcleo sólido de no más de cuatro veces la masa de la Tierra.

Esto significa que más del 85 por ciento de su masa está incluida en la gruesa capa de gas que rodea este núcleo.

En comparación, Neptuno, que tiene una masa similar a la de WASP-107b, sólo tiene entre el 5 y el 15 por ciento de su masa total en su capa de gas.

Pero ¿cómo pudo formarse un planeta de tan baja densidad y evitar que su enorme capa de gas se escapara?.

Los planetas se forman en el disco de polvo y gas que rodea a una joven estrella llamada disco protoplanetario.

Los modelos clásicos de formación de planetas gigantes gaseosos basados en Júpiter y Saturno, establecen que hace falta un núcleo sólido al menos 10 veces más masivo que la Tierra para acumular una gran cantidad de gas antes de que el disco se disipe.

Sin un núcleo masivo, se pensaba que los planetas gigantes gaseosos no podían cruzar el umbral crítico necesario para acumular y retener sus grandes envolturas de gas.

Para la profesora de la Universidad McGill y miembro del iREx, Eve Lee, la explicación más plausible es que WASP-107b se formó lejos de la estrella “donde el gas del disco está lo suficientemente frío como para que la acumulación de gas pueda ocurrir muy rápidamente”.

Las observaciones del equipo de investigación permitieron descubrir un segundo planeta, WASP-107c, con una masa de un tercio de la de Júpiter, considerablemente más que la de WASP-107b.

WASP-107c también está mucho más lejos de la estrella central; tarda tres años en completar una órbita a su alrededor y también es interesante: su excentricidad es alta, lo que significa que su trayectoria alrededor de su estrella es más ovalada que circular.

Su gran excentricidad apunta a un pasado bastante caótico, con interacciones entre los planetas que podrían haber llevado a desplazamientos significativos, como el que se sospecha para WASP-107b”, sostiene Piaulet.

Por otra parte, los estudios de su atmósfera con el Telescopio Espacial Hubble publicados en 2018 revelaron que WASP-107b contiene muy poco metano, algo extraño para este tipo de planeta donde debería ser abundante.

El Telescopio Espacial James Webb, cuyo lanzamiento está previsto para el 2021, ayudará a desvelar muchos de los misterios sobre la composición de la atmósfera del planeta.

EFE

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La astronauta italiana Samantha Cristoforetti volverá al espacio en 2022

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La astronauta italiana Samantha Cristoforetti volverá al espacio en 2022

La astronauta italiana Samantha Cristoforetti efectuará su segundo vuelo espacial en la primavera de 2022, después de haber pasado 200 días en la Estación Espacial Internacional (EEI) entre 2014 y 2015, anunció este miércoles la Agencia Espacial Europea (ESA).

“Estoy muy contenta y agradecida por la oportunidad. Los astronautas tenemos esa tendencia a querer volver al espacio cuanto antes. Estoy más que preparada para volver de lleno a los entrenamientos”, dijo en la rueda de prensa virtual en la que se presentó ese futuro viaje.

Cristoforetti, nacida en Milán hace 44 años y madre de dos hijos, ha comenzado ya de hecho los preparativos para regresar a la EEI, que se intensificarán en los próximos meses.

En su primera misión, bautizada Futura, llevó a cabo operaciones y experimentos científicos como ingeniera de vuelo, y en esta, que todavía no tiene nombre ni duración precisa, aunque se prevé que ronde los seis meses, proseguirá con un programa de exploración bajo el paraguas tanto de la ESA como de la Agencia Espacial Italiana.

Cristoforetti entró en el cuerpo de astronautas de la ESA en mayo de 2009 y pertenece a la misma promoción que el alemán Alexander Gest o el italiano Luca Parmitano, que ya efectuaron sus segundos vuelos espaciales en 2018 y 2019, mientras que el francés Thomas Pesquet está previsto que lo haga este abril.

En estos años de intervalo entre misiones la italiana ha liderado Spaceship EAC, una iniciativa para estudiantes centrada en los desafíos de las futuras misiones a la Luna, o ha ejercido de representante de la ESA en el proyecto Gateway, que establecerá una estación espacial en la órbita lunar.

Algunos de sus futuros experimentos aspiran a dar mayor autonomía a los astronautas de cara a estancias prolongadas en el espacio. Aunque no se detallaron todos, dos de ellos estarán centrados en la impresión 3D de metales y en el cultivo de espirulina en órbita.

Asimismo, estudiará la densidad de los electrones en la parte alta de la atmósfera, cuyo análisis tendrá lugar en la plataforma externa Bartolomeo y a su juicio será interesante para ver su influencia en nuestros sistemas de comunicaciones.

EFE

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La “Última Cena” de Tiziano que escondía una iglesia de la campiña inglesa

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Última Cena de Tiziano

Un cuadro descolorido que representaba la escena de la “Última Cena” colgó de la pared de una iglesia de Ledbury (oeste de inglaterra) durante más de un siglo sin que nadie reparase en él, hasta que el restaurador Ronald Moore lo vio e investigó hasta descubrir que ocultaba la supuesta firma del pintor italiano Tiziano.

La obra llegó a Reino Unido en 1775, después de que el coleccionista de arte John Skippe la comprase en un convento veneciano, y, tras su fallecimiento, sus herederos la donaron “sucia” y en “mal estado” en 1909 a la iglesia de San Miguel y Todos los Ángeles, según explica Moore a Efe en una entrevista.

Allí ha permanecido en una pared 111 años. Nadie pensaba que era un original, sino que dieron por hecho que se trataba de una simple copia, como la que también tienen de “La Última Cena” de Leonardo Da Vinci en el altar, restaurada por Moore hace una década.

OBRA DE VARIOS ARTISTAS

Fue entonces cuando el restaurador se fijó en la otra desgastada pintura que colgaba en el templo, de la que le llamó la atención la calidad en los “retratos”, pues supo reconocer a Tiziano y posiblemente a Tintoretto en la parte izquierda de la pintura.

“Cuando en una pintura aparece alguien en el cuadro mirándote, normalmente es el propio pintor representándose a sí mismo”, explica Moore. Un ejemplo claro es Diego Velázquez, que también se incluyó dentro de su famosa obra de “Las Meninas”.

Cuando le propusieron, años más tarde, restaurar el enigmático cuadro, Moore aceptó, y pudo ver de cerca que no había rastros de “spolvero” (trazos que indicasen que fuese un calco del original); y que se trataba de una obra realizada “de forma conjunta por varios artistas” en un taller.

A pesar de su lamentable estado, Moore descubrió que el cuadro estaba fechado en 1576, el año en el que falleció el pintor italiano Tiziano, por lo que se enmarcaba en el periodo de las “pinturas venecianas”, aunque había perdido “gran parte del color” que las caracteriza.

Asimismo, Moore subraya que lo interesante del cuadro es que, de acuerdo con su hipótesis, “es una obra que contiene otra obra”: un retrato familiar, pues dentro de las figuras de la “Última Cena” se puede observar que, los rasgos de los apóstoles son, en realidad, los miembros de la familia Vecellio.

UNA INVESTIGACIÓN DE 11.000 HORAS

De este modo, comenzó a escudriñar la obra y, siguiendo “pistas” que el dueño anterior dejó escritas en una nota, al más puro estilo de “El Código Da Vinci”, puso especial atención en una jarra de metal que aparece.

“Cuando lo vi por primera vez en la pintura era muy pequeño, no parecía una firma, eran simplemente manchas negras. Fue al poner la luz ultravioleta cuando descubrí que realmente había algo ahí”, confiesa Moore, que sintió una “revelación muy emocionante”.
Incluso nueve meses después le tiembla la voz al recordar el momento en que se reveló ante él la firma de Tiziano tras un proceso de desencriptación en el que tanto Moore, como su ayudante, Patricia Kenny, invirtieron varias semanas. “Fue un descubrimiento fantástico, todavía no me lo puedo creer”, admite el restaurador.
Desde entonces, ambos han pasado más de tres años investigando la relación entre Tiziano y el cuadro, 11.000 horas de trabajo plasmadas en el libro “La Última Cena perdida de Tiziano”, que saldrá a la venta el 26 de marzo.

LA “ÚLTIMA CENA” DEL ESCORIAL

La de Ledbury no es la única “Última Cena” atribuida a Tiziano. De hecho la que hasta ahora se conocía es la que se alberga en el monasterio madrileño de San Lorenzo del Escorial, que, según Moore, tiene mejores “condiciones” y “detalles más refinados” que su homóloga inglesa.

El descubrimiento se ha dado a conocer el mismo día que el Museo del Prado inicia una exposición con las llamadas “poesías” del pintor italiano, que Moore confía en que recibirán mayor atención tras sus revelaciones.

Para el restaurador, la “Última Cena” necesita ahora salir de esa pared en la que ha estado un siglo, para “radiografiarla al detalle”, descubrir los “trazos” y la “identidad” de los pintores que acompañaron a Tiziano, y, en definitiva, ayudar a la Historia del Arte a entender mejor su obra.

EFE

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La mayor erupción volcánica de Suramérica llegó a Canadá, Rusia y Alemania

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La mayor erupción volcánica de Suramérica llegó a Canadá, Rusia y Alemania

La mayor erupción volcánica de la historia de Suramérica se dio en febrero de 1600, superó a la del Vesubio y tuvo como protagonista al volcán Huaynaputina, enclavado en los Andes del sur de Perú, que lanzó cenizas que llegaron hasta Canadá e incluso afectaron al clima y la agricultura de Rusia y Alemania.

La explosión de este volcán, ubicado a unos 4.850 metros sobre el nivel del mar y aún en actividad en la región sureña de Moquegua, superó los 30 kilómetros de altura y expulsó unos 14 kilómetros cúbicos de material volcánico que, según el Instituto Geofísico del Perú (IGP), sepultó al menos diez pueblos cercanos y causó la muerte de unas 1.500 personas.

“El año 1600 ha quedado registrado para América del Sur por haber sido testigo de una de las explosiones volcánicas más importantes del mundo, quizás el más grande proceso eruptivo de un volcán, al menos de Suramérica”, destacó a Efe el presidente ejecutivo del IGP, Hernando Tavera.

IMPACTO LOCAL Y MUNDIAL

El Huaynaputina, cuyo nombre en quechua significa “joven volcán”, erupcionó el 19 de febrero de 1600 y afectó directamente a las regiones peruanas de Moquegua, Arequipa y Tacna, así como a otras zonas del país y parte del territorio actual de Chile y Bolivia.

Los flujos piroclásticos y las cenizas sepultaron los poblados cercanos y también contaminaron el importante río Tambo, mientras que ciudades grandes como Arequipa y Moquegua fueron cubiertas por un manto de ceniza y humo.

Este fenómeno se mantuvo, al menos, durante 30 días y las crónicas de la época señalan que Arequipa “estuvo a oscuras y no pudieron ver el sol ni las estrellas, no podían distinguir entre el día y la noche”, comentó Tavera.

La mayor erupción volcánica de Suramérica llegó a Canadá, Rusia y Alemania

A nivel mundial, las evidencias más claras de su impacto se han encontrado en los bosques de Canadá, pero también hay crónicas que describen que las hambrunas que se produjeron en Rusia entre 1601 y 1603 “habrían tenido relación, porque las temperaturas a nivel global disminuyeron hasta dos a tres grados en algunas zonas”.

Se considera así que provocó el descenso de temperaturas en el Hemisferio Norte y la hambruna en Rusia, al alterar la atmósfera con el material piroclástico expulsado, además de disminuir la producción agrícola en Alemania.

ESTALLIDO SUPERIOR AL DEL VESUBIO

Tavera explicó que “si las erupciones volcánicas son medidas con una escala de 0 a 8, la explosión del Huaynaputina alcanzó el número 6” y la fumarola que emitió en el momento crítico le permitió alcanzar “la zona de la atmósfera alta”.

Esto propició que el material volcánico, compuesto básicamente por cenizas, permaneciera durante más de un año “dando la vuelta al mundo sin ningún problema”.

El estallido dejó un gran cráter en una meseta a 4.200 metros sobre el nivel del mar y fue superior al del famoso volcán Vesubio, que en el año 79 antes de Cristo alcanzó una escala de 5 y destruyó ciudades romanas como Pompeya y Herculano.

Similar al del también famoso Krakatoa y tuvo tal repercusión que cuatro siglos después se ha descubierto residuos piroclásticos en árboles en Canadá que, de acuerdo a las investigaciones, proceden de la explosión en los lejanos Andes de Sudamérica.

“Cuando han talado árboles han encontrado que en algunos anillos se encuentra ceniza volcánica que, después de la datación, corresponden a este volcán”, acotó Tavera.

EL VOLCÁN EN LA ACTUALIDAD

“Creo que para nosotros haber recogido la mayor cantidad de información histórica nos permite tener una clara idea de cuál podría ser el escenario de volcanes que puedan ser similares”, acotó Tavera al referirse a la importancia de las investigaciones sobre la gran erupción de hace más de cuatro siglos.

La mayor erupción volcánica de Suramérica llegó a Canadá, Rusia y Alemania

El IGP, un organismo creado hace casi cien años, estudia en la actualidad “el comportamiento dinámico” del Huaynaputina mediante un monitoreo y vigilancia en tiempo real a cargo del Centro Vulcanológico Nacional (CENVUL), instalado en Arequipa.

El volcán “está en plena actividad y con mayor presencia desde el 2016, registrando por lo menos un sismo al día”, detalló el organismo, mientras que Tavera añadió que ahora se puede “hacer un pronóstico bastante certero de un proceso eruptivo”, lo que permitiría “evacuar a la población y no tener tanta mortandad cuando se presentan estos peligros”.

ESTUDIOS VULCANOLÓGICOS

El IGP, un organismo muy reconocido en Perú por su seguimiento de los terremotos en un país altamente sísmico, comenzó a estudiar la actividad volcánica a partir de una explosión del volcán Sabancaya, en la región sureña de Arequipa, a finales de los años 80.

En 2016, tras otras erupciones del Sabancaya, inició la construcción de un observatorio vulcanológico y en 2019 creó el CENVUL, desde donde vigila al Huaynaputina y otros doce volcanes activos en el país, entre los que está el famoso Misti, el hermoso volcán tutelar de la ciudad de Arequipa, una de las más importantes de Perú, con más de 1,3 millones de habitantes en la actualidad.

Tavera resaltó que el trabajo científico ya ha permitido alertar de erupciones inminentes, como la que del volcán Ubinas en 2019, ubicado también en Moquegua y el más activo de Perú, que se pudo anticipar en diez días y permitió poner a buen recaudo a los habitantes de los pueblos cercanos.

Aunque esa explosión alcanzó una escala de 2 a 3, considerada por los expertos “bastante pequeña”, las cenizas llegaron a cinco kilómetros de altura y fueron llevadas por el viento hasta Bolivia.

Actualmente, el IGP mantiene un intenso trabajo científico, que además de dedicarse a las “ciencias de la tierra”, mediante el estudio de los suelos, los sismos y los volcanes, también le permite hacer trabajos sobre los océanos, los deslizamientos, las crecidas de ríos, la alta atmósfera y la astronomía.

EFE

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