El iceberg más grande del mundo se pone en marcha tras 37 años de inmovilidad

Un enorme iceberg de 4.000 kilómetros cuadrados, el equivalente a la superficie de Chipre, ha comenzado a moverse tras permanecer varado durante casi cuatro décadas en el mar de Weddell, al sur de la Antártida. Se trata del A23a, uno de los fragmentos que se desprendió de la plataforma de hielo Filchner en 1986 y que albergó una estación de investigación soviética que tuvo que ser evacuada por el riesgo de perderse en el océano.

El A23a es el iceberg más grande del mundo en la actualidad, superando al A68a, que se desintegró recientemente cerca de la isla de Georgia del Sur.

Su movimiento ha sido detectado por los satélites que vigilan la evolución del hielo antártico y confirmado por los expertos del Servicio Antártico Británico (BAS, por sus siglas en inglés). Según Andrew Fleming, un especialista en teledetección del BAS, el A23a ha acelerado en los últimos meses, impulsado por los vientos y las corrientes, y ahora está pasando por el extremo norte de la Península Antártica.

El despertar del iceberg A23a, un fenómeno que podría cambiar el ecosistema del Atlántico Sur

Su destino más probable es el Atlántico Sur, donde seguirá la ruta conocida como “callejón de los icebergs”, que lleva a estos gigantes de hielo hacia aguas más cálidas y saladas, donde se derriten y se fragmentan.

Sin embargo, el A23a podría representar una amenaza para la vida silvestre de la región, especialmente si llega a la isla de Georgia del Sur, donde anidan millones de focas, pingüinos y otras aves marinas. El gran volumen del A23a podría bloquear el acceso a las zonas de alimentación de estos animales, poniendo en peligro su supervivencia y la de sus crías.

Pero el A23a también podría tener un efecto beneficioso para el ecosistema marino, ya que al derretirse libera el polvo mineral que se incorporó a su hielo cuando formaba parte de los glaciares que raspaban el lecho rocoso de la Antártida.

Este polvo es una fuente de nutrientes para el fitoplancton, que a su vez alimenta a los peces y a otros organismos que forman la base de las cadenas alimentarias de los océanos.

Los científicos seguirán de cerca el progreso del A23a, que podría ofrecer una oportunidad única para estudiar el comportamiento y el impacto de los icebergs en el clima y la biodiversidad de la Antártida y el Atlántico Sur.

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