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Medio Ambiente

Rescatan a una ballena jorobada en las costas del norte de Ecuador

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Guardaparques de una reserva marina en el noroeste de Ecuador, miembros de la Armada y pescadores rescataron en las costas de Esmeraldas a una ballena jorobada, una especie migratoria que visita aguas ecuatorianas entre los meses de junio a octubre.

Catalogada como vulnerable por el Libro Rojo de Mamíferos de Ecuador, la ballena varada en la Playa Camarones era un espécimen juvenil de la especie Megaptera novaeangliae, de ocho metros de largo.

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Medio Ambiente

Detectan microplásticos en agua dulce en la Antártida

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Antártida

Un equipo de investigadores españoles ha detectado por primera vez la presencia de microplásticos en el agua dulce de un área protegida de la Antártida.

Los resultados de una investigación que han liderado científicos de la Universidad Autónoma de Madrid han confirmado la presencia de fragmentos contaminantes de poliéster, acrílico y teflón, con tamaños menores a cinco milímetros y distintas formas y colores.

Hasta ahora se sabía que los microplásticos (fragmentos de plástico menores a 5 milímetros) habían llegado al mar, a los ríos y a los suelos de gran parte del planeta, pero los investigadores no esperaban encontrarlos en uno de los lugares más prístinos del planeta.

Un estudio reciente, realizado por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), del Museo Nacional de Ciencias Naturales y la Universidad de Alcalá, ha descrito la presencia de microplásticos de poliéster, acrílico y teflón en la Península de Byers (Isla Livingston, Antártida).

Los resultados, que se han publicado en el Marine Pollution Bulletin, han revelado que los microplásticos encontrados tenían dimensiones de entre 0.4 y 3.5 milímetros, así como distintos colores y formas (fibras y films).

Se trata de una zona de la Antártida que ha estado bajo distintas figuras de protección ambiental desde 1966 y cuyo acceso está muy restringido, y a la que solo se puede acceder por motivos científicos y con un permiso de la autoridad antártica y en grupos pequeños, han recordado los investigadores.

De hecho, en las últimas décadas solo han accedido a esta región un número muy limitado de científicos y por causas muy justificadas, ha informado la Universidad Autónoma en una nota difundida hoy.

La investigación se realizó en uno de los arroyos de agua dulce que circulan en esta región en los meses de verano.

Los científicos, ha informado la Universidad, se aseguraron de que nadie pasaba por las proximidades del arroyo en todo su recorrido durante la duración del experimento, y utilizaron redes para filtrar el agua del arroyo.

Los resultados han hecho a los científicos preguntarse si queda algún rincón del planeta donde los microplásticos todavía no hayan llegado. “Aún queda mucho trabajo por hacer para entender cómo son transportados hasta allí, pero sabemos de dónde vienen; de las actividades que todos nosotros realizamos”, han señalado en la nota de prensa.

Parte de los microplásticos que acaban en todos los rincones del planeta se forman a partir de la degradación de los plásticos de mayor tamaño que se desechan de una forma incorrecta.

Han incidido además en la importancia de evitar que los plásticos lleguen al medio ambiente para evitar también que los microplásticos alcancen los pocos lugares vírgenes que quedan en el planeta.

“El plástico no es malo, pero está hecho para durar. Sin embargo, una parte importante del que empleamos en nuestro día a día es de un solo uso. Está en nuestra mano reducir, en la medida de los posible, el consumo de plásticos de un solo uso, especialmente aquellos empleados en embalajes”, han concluido los investigadores.

EFE

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Medio Ambiente

Investigadores proponen medidas para evitar que la covid-19 llegue a la Antártida

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Antártida - covid-19

Investigadores de varios países del mundo han propuesto un conjunto de medidas para evitar que el coronavirus responsable de la covid-19 llegue a la Antártida e infecte a la fauna del continente.

Actualmente la Antártida es el único lugar del planeta al que no ha llegado la covid-19, pero se desconocen los efectos que el virus podría tener sobre su delicada fauna, según ha alertado un grupo de investigadores de varias instituciones científicas, entre ellas el Museo Nacional de Ciencias Naturales del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (MNCN/CSIC).

¿Qué pasaría si la covid-19 infectara a especies como las ballenas, los pingüinos o las focas de la Antártida? es la pregunta que se hicieron investigadores del grupo de trabajo de seguimiento de la salud de la vida silvestre antártica del Comité Científico para la Investigación de la Antártida (SCAR).

Los investigadores, ha subrayado hoy el Museo Nacional de Ciencias Naturales, han subrayado que la covid-19 es muy contagiosa, y que igual que ha pasado por zoonosis de una especie animal al ser humano, podría hacer el recorrido contrario, y pasar del hombre a la fauna.

El equipo de investigación ha analizado qué posibilidades existen de que la enfermedad llegue y se expanda por el continente antártico a través de las actividades relacionadas con la investigación y el turismo, y ha propuesto medidas para evitarlo.

Los datos de los primeros análisis sugieren que los cetáceos tienen gran riesgo de infección, mientras que el riesgo en las focas o las aves parece menor.

“Hemos evaluado el riesgo de transmisión inversa, de humanos a animales, en la fauna antártica considerando la información disponible sobre la susceptibilidad de los hospedadores, las dinámicas de infección entre humanos así como las interacciones que se producen entre seres humanos y la fauna antártica”, ha explicado el investigador del MNCN Andrés Barbosa.

Las condiciones ambientales del continente helado son “a priori” favorables para la estabilidad y la propagación del virus, según Barbosa, y ha observado que las instalaciones cerradas de las bases donde conviven los investigadores o las embarcaciones que utilizan, así como los cruceros turísticos, podrían favorecer la transmisión entre humanos y, en función de sus movimientos entre diferentes localidades, el virus podría esparcirse fácilmente por todo el continente.

El grupo de mayor riesgo, según los primeros estudios, sería el de los equipos de investigación que entran en contacto con la fauna, mientras que los turistas o el personal de apoyo solo suponen un riesgo significativo cuando se aproximan a menos de cinco metros de la fauna antártica, aunque ese acercamiento, dadas las normativas que rigen en el continente helado, no debería producirse en ningún caso.

Entre las medidas propuestas por los investigadores se encuentra la realización de pruebas PCR y la cuarentena de las personas que vayan a visitar el continente, el confinamiento de las personas con síntomas o el uso de gel hidroalcohólico y la desinfección de todo el material textil y de manejo, cada vez que se tenga contacto con la fauna.

Durante el manejo de animales debe ser obligatorio el uso de gafas, guantes y equipos de protección, y han incidido también en que el material de trabajo nunca se deje desatendido, para evitar que la fauna pueda acercarse a él, y limitar al máximo el tráfico de personas entre las diferentes bases o barcos.

EFE

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Medio Ambiente

El dióxido de carbono aumentó en 4 años lo que antes le tomaba 200 años

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El dióxido de carbono aumentó en 4 años lo que antes le tomaba 200 años

El dióxido de carbono (CO2), principal gas causante del cambio climático, ha aumentado en los últimos cuatro años tanto como cuando la Tierra pasó del periodo glaciar al actual interglaciar, transición que tomó entre 100 y 200 años.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) dijo hoy en una rueda de prensa que se ha llegado a una concentración de CO2 de 410 partes por millón, con respecto a las 400 partes por millón registradas en 2015 y que ya se consideraba un récord alarmante.

La desaceleración de la producción industrial en los primeros meses de la pandemia y los confinamientos que afectaron a gran parte de la población mundial -provocando la disminución del uso del transporte aéreo y terrestre- no han servido para hacer bajar la curva ascendente de los gases de efecto invernadero.

El secretario general de la OMM, Petteri Taalas, explicó que las cuarentenas masivas pueden haber disminuido la emisión de agentes contaminantes y gases invernaderos como el dióxido de carbono, pero no han tenido ningún impacto significativo en su concentración en la atmósfera.

El calor que este fenómeno produce está detrás del aumento de la temperatura global, de la subida del nivel del mar y su acidificación, del deshielo y de la violencia de algunos desastres climáticos, como los recientes huracanes en el Atlántico.

Efectos del aumento del dióxido de carbono en el planeta

Taalas recordó que desde 1990 el forzamiento radiativo (diferencia entre la insolación absorbida por la Tierra y la energía que ésta irradia de vuelta al espacio) ha aumentado un 45 %, reforzando el calentamiento del planeta.

Todos los gases de efecto invernadero tienen un periodo prolongado de vida, pero el dióxido de carbono que representa el 80 % del total, es el que más dura.

Puede quedarse cientos de años en la atmósfera y más tiempo en el océano.

“La última vez que la Tierra experimentó una concentración de CO2 comparable fue de 3 a 5 millones de años atrás, cuando la temperatura era de 2 a 3 grados centígrados más y el nivel del mar de 10 a 20 centímetros más elevado, pero en ese entonces no tenía 7.700 millones de habitantes”, comentó Taalas.

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